Juan 21:7-19

Horas antes de que Jesús fuese capturado, durante la última cena, Pedro le decía a Jesús que nunca le dejaría. Que donde quiera que Él fuese, nunca la dejaría. En nuestra iglesia todos dicen que aman al Señor. No sé si es verdad o mentira; solo Dios conoce si le amamos. Sólo el sabe si yo le amo. Leamos Juan 21:7. Tomemos una de estas dos historias. Hablemos de Pedro. Luego de haber negado a Jesús tres veces, regresa a su trabajo habitual. Regresó a pescar. Él tenía varias barcas. Eran una familia prospera en la industria de la pesca. Si un amigo nos traiciona, ¿seriamos capaces de volver a ese amigo? ¿Continuaríamos confiando en ese amigo? Difícilmente confiaríamos en una persona si nos traicionara. Pedro dijo a Jesús que no le dejaría y que iría a donde el estuviese. La Palabra dice que el que este firme, mire de no caer. Pedro le negó y lo dejo. Jesús busca a Pedro para restaurar su amistad. Pedro se encontraba culpable mientras estaba en la barca; dice la Palabra que estaba incluso desnudo. Apenas Pedro miro a lo lejos a Jesús, ciñó su ropa y se lanzó al agua. Cada vez que pecamos, nos sentimos indignos. El pecado nos hace sentir vergüenza, nos hace sentir mal. El pecado, mientras no estemos dentro de Dios, nos llevará a seguir pecando. Mientras sigamos viniendo a la iglesia con pecado en nuestras vidas, el diablo nos acusará y nos hará sentir indignos del Señor. Él sabe que si somos fieles a la Palabra de Dios y buscamos su rostro, seremos capaces de conquistar nuestra ciudad. Pero Dios es nuestro restaurador, nuestro sustento. Jesús fue y buscó a Pedro. Él había defraudado a su Maestro. Pero Jesús fue a restaurarle, a darle palabras y lo llamó a que le siguiera. ¿Por qué Jesús pregunto tres veces si Pedro le amaba? Este le había negado tres veces y Jesús hizo esto para restaurar su corazón por completo. Cuando mentimos, cuando decimos algo que no le agrada a Dios, lo estamos negando en nuestras vidas. Dice la Palabra que si le negamos cuando estemos ante el Padre, Él también nos negará a nosotros.  ¿A quien le gustaría se negado ante el Padre? Tomemos control de lo que hablemos o lo que hagamos. Todos dijimos hace un rato “SI AMO AL SEÑOR” pero, ¿por qué no le predicamos? ¿Por qué no salimos a compartir de su amor? Jesús al preguntar a Pedro si le amaba, luego de la respuesta, le pidió que apacentara sus  ovejas. Lo envió a apacentar y cuidar a su iglesia. Todos los discípulos estaban allí pero Jesús fue directo a Pedro para preguntar si le amaba más que a los otros. Jesús te quiere preguntar hoy si le amas más que a los demás. La segunda vez, Jesús se sienta a solas con Pedro y le pregunta si le ama, pero se refería a un amor ágape. La tercera vez le pregunta si le ama y esta última vez se refiere a un amor fileos, un amor de otro nivel. Jesús estaba llamando a Pedro a entrar en un amor filial como amor de padre a hijo y de hijo a padre. Entre nosotros hay amor ágape pero no filial. Jesús llevó a Pedro a un amor distinto. Las dos primeras respuestas de Pedro fueron normales: Si Señor, tu sabes que yo te quiero; pero su última respuesta tuvo otro nivel, versículo 17 “Señor, tú lo sabes todo; tu sabes que te quiero.” Cuando en la iglesia preguntamos quienes desean salir a evangelizar, todos a la primera vez responden que si irán pero al momento de salir, pocos son los que van. Iglesia, déjate guiar por el Señor. Pedro tuvo que enfrentar sus sentimientos. No sabemos que estaba viviendo Pedro al momento que Jesús le preguntaba si lo amaba. SI decimos que amamos a Jesús, cumplamos con su mandamiento. Fuimos llamados a predicar y hacer discípulos. Jesús insiste esta mañana en preguntar, ¿me amas? Si le amas entonces comienza a hablar de las cosas maravillosas que Él está haciendo en tu vida. Sal y predica el evangelio de su amor.

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