Por el Prof. Dan W. Dunn, Director Académico SEMWESVEN
Primero que todo, Juan Wesley creyó fuertemente en una “religión de corazón”. Los cristianos pueden experimentar la seguridad del amor salvífico de Dios en sus vidas. La doctrina de la seguridad, también conocida como “el testimonio del Espíritu Santo”, es tomado por Wesley de Romanos 8:16, donde Pablo declara: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Wesley también fue influenciado por su propia experiencia en Aldersgate al discutir y formular la doctrina de la seguridad. La fe cristiana, para Wesley, es experiencial. Él creyó que una persona puede afirmar los credos y creer todas las doctrinas correctas, pero permanecer muerto espiritualmente. La gracia de Dios debe ser apropiada individualmente, lo que resulta en seguridad y un corazón y vida cambiados.

No podemos explicar nuestro camino a Dios sin la revelación especial. Pero esto no quiere decir que la fe es irrazonable. Wesley fue escéptico acerca de esa fe que tiene mucho “entusiasmo” pero insuficiente razón. Un verdadero cristiano es razonable. La razón es esencial. Wesley creyó que las experiencias, ganadas a través de la percepción sensorial, son la fuente primaria del conocimiento humano. Lo que la razón hace, es ayudarnos a procesar tales experiencias -para reconocer su existencia, organizarlas y finalmente comunicarlas a otros. La razón también nos ayuda a comprender, analizar, estructurar y comunicar asuntos relacionados a la fe y la verdad bíblica. Pero, finalmente, la razón no puede producir una vida llena de fe que se exprese a sí misma en las virtudes cristianas, específicamente en fe, esperanza y amor.

Teología – Ortodoxa y Wesleyana

Nos paramos en los hombros de muchos cristianos a través de los siglos -no hemos inventado una nueva teología -como Wesleyanos, tenemos una perspectiva específica con respecto a la teología ortodoxa, pero nuestra base es esta teología, la ortodoxa; no nos desviamos de esta base. Con esta teología, nos quedamos en Cristo Jesús. Leemos en 1 Corintios 15:3-8, lo siguiente:

Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya han muerto. 7 Después apareció a Jacobo y después a todos los apóstoles. 8 Por último, como a un abortivo, se me apareció a mí.

Acerca de la Teología Wesleyana, hablamos del “Mensaje de la Vida” que es la gracia. Gracia preveniente la invitación a la vida; la gracia convergente, que es la entrada a la vida; la gracia santificadora que se refiere a la consagración de la vida; la gracia glorificadora, es la transición a la vida eterna.

Los Medios de la Vida

“Por ‘medios de gracia’ yo entiendo señales exteriores, palabras o acciones ordenadas por Dios para ser canales ordinarios por los cuales Él pueda transmitir a las personas su gracia preveniente, justificadora y santificadora… Todos aquellos que deseen la gracia de Dios, deben esperar por ella en los medios que Él ha previsto.”
Por medios de gracia instituidos o particulares, Wesley se refiere a aquellos medios de gracia que los cuales Cristo mismo amonestó a sus discípulos a que participaran en ellos, tales como la oración, estudiar las escrituras, la Santa Cena, el ayuno y la “conferencia cristiana” por la cual Wesley quiso decir “conversación cristiana”. Cuando los cristianos hablan de Dios, la gracia es derramada sobre los participantes de la conversación.
Los medios de gracia prudenciales se desarrollan con el tiempo, siendo conocidos como acciones “sabias” en la vida de crecimiento en gracia. Estos incluyen reuniones de clases (grupos pequeños), reuniones de oración, servicios de vigilia y pacto, banquetes de amor (un tipo de servicio de testimonios), visitación al enfermo y la lectura de devocionales clásicos.

 

La Gran Misión de la Vida

Redimir a los perdidos por medio del evangelio de Cristo, renovar a la Iglesia por medio de la Palabra de Dios, y renovar a la nación (o la comunidad).