Romanos 7:2-4

El deseo de Dios siempre ha sido tener comunión con el hombre, desde el principio de la creación ese ha sido su propósito, pero desde el momento que el hombre decidió pecar, todo este diseño de Dios fue distorsionado por la misma decisión del hombre, lo vemos en Génesis 3, la separación entre Dios y el hombre trae también la pérdida de Su naturaleza, la naturaleza divina y nos desviamos tras nuestros propios deseos, a esto llamamos la naturaleza pecaminosa, los deseos de la carne. ¿Cuáles son? (Permita que los presentes hablen, haga una lista en papel bond, pizarra, algo visible a lo que puedan señalar más adelante y luego borrar a vista de todos o romper como un acto simbólico para la respuesta que deseamos)

Leamos Romanos 7:2-4  Pues la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre de la ley en cuanto al marido. 3  Así que, mientras vive su marido, será llamada adúltera si ella se une a otro hombre; pero si su marido muere, está libre de la ley, de modo que no es adúltera aunque se una a otro hombre. 4  Por tanto, hermanos míos, también a ustedes se les hizo morir a la Ley por medio del cuerpo de Cristo, para que sean unidos a otro, a Aquél que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

Antes de entregar nuestro corazón a Dios, estábamos en una condición como la que explica el Apóstol Pablo en el versículo 2, casados, pero con el pecado, viviendo bajo su dominio, trayendo placer a nuestra carne, satisfaciendo nuestros propios deseos, pero esto nos mantenía alejados de Dios y además en muerte espiritual, por la gracia de Dios, fuimos convencidos de esta situación y la necesidad que tenemos de rendir nuestras vidas a Dios, permitiéndole vivir en nuestros corazones, pero ¿qué es lo que no nos permite llevar esa vida de victoria en Jesús, de gozo y triunfo?

Veamos el versículo 3 nuevamente, dice “mientras vive su marido”, ¿cuál? ¡El anterior! Muchos aún siguen viviendo con el hombre viejo, con la naturaleza pecaminosa, está aún no ha muerto en algunas personas, ¿cómo lo sabemos? porque aún siguen gobernados por sus propios deseos, satisfaciendo su carne, ¡esto es adulterio!, vivimos diciendo que amamos a Dios pero seguimos esclavizados al pecado, eso es lo que no nos permite desarrollarnos como cristianos, nos señala, se opone a la voluntad de Dios.

Entonces, ¿qué hacemos? También vemos en el versículo 3b “pero si su marido muere”,  ¿qué marido?  Aquel que nos mantenía pecando, esa naturaleza pecaminosa, eso que nos seduce día a día para luego acusarnos y no permitirnos agradar a Dios, todo aquello que no nos permite vivir en santidad.

¿Cómo es posible esto? Muchos piensan que es un acto en sus propias fuerzas, por eso muchos están frustrados, Gálatas 5:24-25  Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25  Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Necesitamos que el pecado sea crucificado y muera, dejarlo en la cruz, creer, apoderarnos de esto por medio de la fe, porque Cristo ya lo hizo por nosotros Gálatas 2:20  “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Lo primero que debo hacer es rendirme ante Dios y reconocer cada área que he tratado de mantener el control pero que en mi humanidad no puedo, esto no lo logramos nosotros, sino a través de Jesucristo, es por Él que tenemos la victoria y Dios, quien es Santo, nos santifica, es decir, Él perfecciona la obra en nosotros, Filipenses 1:6  Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

No te desanimes, necesitas que muera esa naturaleza pecaminosa en la cruz, no dejes de orar, leer la Biblia, ayunar, asistir a la iglesia, es necesario hagas morir los deseos de tu carne y esto se hace haciendo las del Espíritu, dile al Señor lo que sientes, reconoce tus debilidades y comienza a declarar tu victoria.

Hoy te vas de este lugar pero después de haber matado a ese viejo hombre que te había mantenido atado al pecado, bajo esclavitud, porque Cristo te llamó a libertad, para eso murió en la cruz.

Dirige a las personas en oración, renuncien, pongan sus manos sobre aquellos que reconocen se sienten débiles y declaren sobre ellos el poder del Espíritu Santo, en la oración declaren que hoy mueren al viejo hombre, deseos de pecar y que reconocemos que Dios completará su obra en nosotros (háganlo personal, es decir: yo renuncio, me rindo), luego rompan la lista general que hicieron al principio, pueden tener pintura roja o marcador rojo y colocarla encima de la lista como representación de la sangre de Cristo.     Declaren las personas libres en el nombre de Jesús y que aquello que Dios comenzó en ellos será perfeccionado porque es Él quien se encarga de santificarlos pero es necesario reconocer que han vivido pecando y necesitan que Dios obre.

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